Cifras globales de obesidad: la brecha que separa al mundo en dos
Durante varias décadas, la obesidad ha sido señalada como una “epidemia global” que afecta a todos los países y poblaciones. Pero un estudio reciente demuestra que las estadísticas son mucho más específicas: si bien es cierto que las cifras se han estabilizado en algunos casos, el número de personas afectadas a nivel mundial sigue siendo muy alto. Por eso es tan importante un proyecto como el programa de prevención de la obesidad de BNP Paribas Cardif, y el trabajo de sus socios internacionales.

En mayo de 2026, la revista Nature publicó un estudio global, coordinado por un equipo internacional de casi 2,000 científicos (el NCD Risk Factor Collaboration) y liderado por el profesor Majid Ezzati (Imperial College London), quienes anal4Bizaron estadísticas de obesidad en 200 países y territorios, con más de 232 millones de participantes durante el período comprendido entre 1980 y 2024. La conclusión fue la siguiente: mientras que en los países desarrollados las cifras han tendido a desacelerarse o estabilizarse, e incluso a disminuir ligeramente en algunos casos, en los países menos favorecidos económicamente la tendencia continúa acelerándose, con mayor o menor rapidez. Existe, por lo tanto, una clara desigualdad en cuanto a quiénes son afectados por la obesidad..
Países ricos: una estabilidad ganada con esfuerzo
A pesar de un avance acelerado hacia finales del siglo XX, las cifras de obesidad se han desacelerado e incluso estabilizado en la mayoría de los países desarrollados. Esta tendencia se observó primero entre la población infantil en edad escolar, seguida unos diez años después por la población adulta. Entre los países en cuestión, Dinamarca fue el primero en experimentar este cambio a inicios de los años 90, seguido por otros países como Suiza, Bélgica y Alemania en la misma década.
En Francia, Italia y Portugal, países en los que participan los socios de nuestro programa, las cifras no se estabilizaron sino hasta la década de 2000. Dicho esto, esta estabilización no indica necesariamente una reducción en el número de personas afectadas a nivel internacional: mientras que la obesidad infantil afecta entre el 3 y el 4% de las niñas en Francia, alcanza niveles mucho más altos en Estados Unidos, donde afecta al 23% de los niños, por ejemplo.
En la población adulta, las estadísticas siguen la misma tendencia, con unos diez años de rezago respecto a las variaciones observadas en la niñez. En algunos países, incluyendo España, las cifras incluso sugieren una disminución de la obesidad entre adultos.
Países en desarrollo: un crecimiento preocupante
Ya sea en Asia, América Latina, África o las islas del Caribe y el Pacífico, las cifras son muy diferentes. Tanto en niñas, niños y adolescentes como en adultos, la obesidad se aceleró de manera significativa durante el período cubierto por el estudio. Existe incluso una tendencia al alza en regiones como el África subsahariana y el sudeste asiático, que suelen estar más afectadas por problemas de desnutrición.

El aspecto más preocupante sigue siendo la velocidad de esta aceleración. Entre la población adulta, en 2024, último año del estudio, el aumento en las cifras de obesidad fue mayor en 84 de los 200 países observados en el caso de las mujeres, y en 109 de 200 países en el caso de los hombres. En algunas regiones de Europa Central (Rumania y República Checa, entre otras) o en Brasil, la obesidad alcanzó entre el 30 y el 40% de la población adulta, una cifra superior a la de los países de Europa Occidental.
¿A qué se debe esta diferencia?
Para los científicos que participaron en el estudio, las variaciones económicas y los cambios en los hábitos alimenticios son la causa evidente. La disponibilidad, el precio y el uso de distintos alimentos han permitido controlar las cifras de obesidad en los países desarrollados, pero estos mismos mecanismos aún no se han aplicado en los países de menores recursos.

Según el profesor Majid Ezzati, quien lideró el estudio, estas cifras demuestran que el aumento de la obesidad no es inevitable, pero que resulta fundamental establecer programas y legislación para frenar la epidemia. Se trata, entonces, menos de un problema global y más de situaciones específicas, cada una de las cuales requiere una solución particular. Por esta razón, nuestro programa trabaja en colaboración con socios locales, tanto asociaciones como instituciones, en todos los países en los que operamos. Esta diversidad de alianzas permite identificar con precisión las necesidades específicas de las distintas poblaciones locales, y así construir soluciones verdaderamente adaptadas a cada contexto y cada región.